2010/05/10

Propuesta de Gobierno MOCKUS- FAJARDO

Con legalidad democrática, educación y apostándole al talento superaremos las desigualdades y emprenderemos la transformación social.

La ilegalidad es el principal freno al desarrollo económico y social de Colombia. La violencia y la corrupción son expresiones de esa ilegalidad, que en el terreno de la política se expresa en una frase conocida y aplicada: “el fin justifica los medios”. Con tal de llegar al poder o vencer en el conflicto todo vale, cualquier camino sirve. El respeto a las normas se ve reemplazado por actitudes sociales y culturales que validan y aceptan la ilegalidad.

Reconozcamos ante todo que cada vida es irremplazable, que la vida es sagrada. Rechacemos y evitemos los atajos, y abramos el espacio a la legalidad democrática que mantenga los avances en seguridad, para afianzar en Colombia la comprensión, el respeto y el cumplimiento de las normas. La movilización y la participación de la ciudadanía, sumadas a la acción de las autoridades, permitirán consolidar la seguridad, en tanto que la cultura ciudadana facilitará la convivencia, la confianza, la tolerancia, el imperio de la ley y la democracia. La seguridad, y la legalidad se consiguen con el apoyo a la policía y a las fuerzas armadas, pero también se desarrolla en el respeto al fiscal, al juez y al maestro. Tenemos que jugar limpio, comprendiendo que la violencia y la corrupción son desafíos que debemos enfrentar unidos.

Queremos seguir transformando la forma de hacer política en Colombia. Proponemos una política basada en la confianza entre las personas y en las instituciones, en la cual la transparencia, la participación, el intercambio de argumentos, el control social y la gestión pública admirable sean los pilares de una auténtica democracia. Nuestra relación con el mundo debe partir de esas mismas premisas: estrecharemos nuestra integración con todos los países, aceptando la interdependencia como una oportunidad y buscaremos acercarnos a los pueblos de los países con los que compartimos historia y condiciones.

Para que nadie recurra a la violencia y la ilegalidad, que permanecen vivas entre nosotros, se requiere construir oportunidades sociales y económicas legítimas. Dicha construcción debe reconocer las profundas desigualdades del país, tanto las económicas y sociales como las que son evidentes por las diferencias entre regiones. La periferia colombiana, ese vasto espacio que bordea las fronteras, se encuentra en clara desigualdad con el centro del país.

Soñamos con un país donde los ciudadanos, las organizaciones del estado, la sociedad civil y las empresas productivas tengan, como uno de los compromisos fundamentales de su quehacer cotidiano, hacer todo lo que esté a su alcance para proteger y enriquecer el medio ambiente, y en particular nuestro gran patrimonio en biodiversidad y agua dulce, tanto en las áreas naturales como en las áreas transformadas por la acción humana. Solo así será posible garantizar el derecho constitucional de los colombianos a disfrutar de un medio ambiente sano, generar las condiciones para que el desarrollo económico y social sea sostenible en el mediano y largo plazo, y contribuir a la conservación del maravilloso y complejo entramado de la vida.

A su vez, las ciudades intermedias tienen que ser polos de desarrollo sostenible, conectadas con su entorno rural, que hoy en día se encuentra rezagado y desatendido. Esta nueva concepción de nuestras regiones y ciudades debe incluir un tratamiento diferenciado de los territorios de frontera, el Pacífico, la Amazonia y la Orinoquia, los océanos y el río Magdalena, para dar oportunidades que respondan a las características propias de cada espacio. Colombia debe convertirse en una gran red de territorios integrados y con mayor equilibrio en sus niveles de desarrollo. Las apuestas de desarrollo regional se unirán para construir el plan de desarrollo nacional, en el que los intereses de las regiones primen sobre los beneficios particulares y en el que se reconozcan las implicaciones que para ese propósito tienen las condiciones culturales y ecológicas propias de cada región.

El desarrollo regional debe integrar a Colombia y el turismo en un proyecto que nos una como nación. Es un sector generador de empleo, que muestra y aumenta las riquezas de todos los territorios, la diversidad cultural y la biodiversidad que los identifican.

La integración requiere superar los atrasos en la infraestructura, como forma de conectar territorios y unirnos con el mundo. Terminaremos bien lo que se ha empezado, multiplicando el desarrollo de dobles calzadas, vías fluviales y el transporte multimodal, incluido el ferrocarril. En una nación conectada el sector rural no será un factor de poder local; será un factor de producción, que permita la seguridad alimentaria y la apertura al comercio internacional, cerrándole puertas al conflicto y a la ilegalidad. Además, la integración permitirá la promoción de la cultura como forma de reivindicar las características de cada región y como expresión de su valor en la integración de Colombia.

Para potenciar las capacidades de los colombianos, la política productiva añadirá conocimiento propio a las exportaciones, con base en el apoyo y promoción de actividades y sectores estratégicos y de cadenas productivas que fomenten la innovación, la creación de empleo formal y el comercio internacional. El conocimiento y la innovación serán las herramientas para integrar la producción con la educación superior, y los ámbitos de operación de cada una de las actividades y sectores promisorios de nuestro sistema productivo. El emprendimiento, como factor de innovación y de integración social, es un paso para potenciar el talento de los colombianos. La política productiva integrará la preservación y conservación de las fuentes de vida, los recursos naturales y la biodiversidad y participará en la preservación y conservación de las fuentes de vida, los recursos naturales y la biodiversidad. Promoveremos el desarrollo y el uso de energías limpias, nuevas y alternativas e impulsaremos la creación de una cultura de consumo racional y responsable.

¿Y dónde está la gente para hacer todas estas cosas? En una Colombia en donde las mujeres tomen el papel protagónico que merecen en el desarrollo del país, y en la que los afrocolombianos, los indígenas y todas las etnias tengan acceso a las mismas oportunidades. En una Colombia sin hambre, que goce de un sistema de salud de calidad basado en la prevención. En una Colombia en la que la eeducación de calidad se convertirá en el motor de la transformación social. Las capacidades individuales que promoveremos harán uso de la ciencia y la tecnología como el lenguaje para enfrentarnos al mundo, apoyados en el conocimiento. Convocaremos al país para enfrentar los retos en materia de ciencia y tecnología, que apoyaremos con recursos suficientes y con un sistema institucional que tenga impacto en todas las regiones.

La creación de oportunidades laborales y productivas recibirá un impulso vigoroso de una educación superior masiva y al alcance de cada colombiano. Todos aprendiendo de todos toda la vida es la fórmula para formar personas que recojan el conocimiento y lo transformen en riqueza para toda la sociedad. La educación técnica y tecnológica, los fondos masivos de becas y el mantenimiento de los estudiantes en la educación superior son objetivos realizables, pues ya lo hemos hecho. El apoyo a la formación de un mayor número de doctorados y maestrías, apoyados desde el gobierno, tendrá como contraprestación la participación de este nuevo talento en los proyectos productivos que se acuerden desde el nivel regional.

Para llegar a una educación superior ideal y competitiva, deberemos enfocarnos en mejorar la calidad de la educación media, con ampliación de infraestructura y un programa masivo de formación de maestros. Soñemos con colegios públicos en todo el territorio que igualen en calidad a los mejores privados de Bogotá, Bucaramanga, Cali o Medellín.

El preescolar será el punto de partida del camino de oportunidades que le proponemos a Colombia. Los niños y niñas del país deben empezar con las mismas oportunidades, que se deben ofrecer desde la primera infancia, sobre todo en materia de nutrición, salud y educación.

Se requerirá aunar esfuerzos para promover reformas que permitan este sueño. Una política fiscal austera, una reforma tributaria que aumente los recursos estatales y beneficie el empleo formal, así como la asignación de hasta el 15% de Ecopetrol para crear un fondo cuyos rendimientos apoyen la educación, la ciencia y la tecnología. De esta manera unas finanzas públicas sólidas le apostarán al talento de la gente.

Es la hora de elevar nuestras voces para impulsar un cambio cultural y educativo en el país. Este momento nos pertenece y debemos hacerlo sentir en todos los rincones de nuestra geografía. Nos dicen que no podremos alcanzar estos objetivos, y respondemos que unidos estamos construyendo la posibilidad de cambiar la historia política de Colombia. Nos piden ser realistas y que renunciemos a estos sueños, y nosotros le exigimos al país no solo las ganas, sino la voluntad de soñar.

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